Velaba de manera especial el corazón de Madre Soledad por sus hijas de Santiago de Cuba: le pesaba la distancia que las separaba y sufría, sobre todo por el distanciamiento en el que la tenían en cuanto a la comunicación con ella, máxime en unos momentos en los que iban surgiendo desavenencias comunitarias.
Las exhorta en estas líneas a fomentar la caridad, ya que está convencida de que virtud debe reinar entre todas, para que desde el corazón de cada una “pueda ejercitarse en grado heroico con sus prójimos enfermos”.
Como en su epistolario el Apóstol Juan, ya anciano y sabiendo bien lo que pide, la Madre usa frases repetitivas cargadas de interés y cariño: “No me cansaré de decirlas a ustedes, hijas mías en el Señor”… “No me tengan por pesada, pues repito que no me cansaré de exhortarlas”. La paz, la unión, la armonía, la caridad en definitiva es lo que quiere y espera de sus hijas de Santiago de Cuba.


Jesús es mi amor, María mi
Esperanza y José mi protector.
¡Feliz alianza!


A la Superiora y Comunidad
de Santiago de Cuba
17 de septiembre de 1880


Siervas de María. Chamberí

 

Mi apreciable en el señor, Sor María Piedad y demás Hermanas, salud en nuestro Señor Jesucristo: Cuánto siento, hijas mías en el Señor, que no dediquen ustedes un momento para poner dos letras siquiera para saber de ustedes, pues desde que vino Sor Victoria y me dio razón de cómo quedaban ustedes en ésa, nada sé a pesar de escribirles yo a ustedes, si es que han escrito ustedes puede ser que la carta se haya extraviado, pero lo extraño, pues en tres meses alguna podía haber venido.
Miren ustedes todas, hijas mías en el Señor, que ésta es su Casa Madre adonde se acogen todas, enfermas y sanas, y la que no esté persuadida de esta verdad, que se fije en los ejemplos que ve, de lo contrario llagará día en que buscarán y Dios nuestro Señor se la haga desear, por el poco aprecio que ahora hacen de ella.
Yo siento mucho hablarles de esta manera, pero me veo en deber de llamarlas a todas ustedes la atención sobre esta, puesto que ahora no puede haber disculpa que no las permita escribir, siendo así que las dos que lo impedían se encuentran en ésta, y yo esperaba de usted, Sor Piedad, que me escribiría dándome cuenta del nuevo plan y de los resultados de él; por tanto, si al recibir ésta no lo ha hecho usted, hágalo y póngame al corriente de todo, pues si debo estar enterada del estado de las Comunidades de la Congregación, creo que de ésa, por razón de la distancia, debo aún con más motivo de estar enterada y con doble más en estas circunstancias del aumento de personal, pues si por desgracia se encontraran ustedes en el mismo estado de antes, lejos de aumentar el personal, tendríamos que tomar una determinación; por lo que espero me escriba usted con toda verdad lo que ocurre.
En mi anterior decía a usted que esperaba estarían ya más contentas y tranquilas, y que si así no fuera, se harían ustedes poco favor, puesto que los inconvenientes que tenían para la paz, ya desaparecieron de ésa, y los que las observaran dirán, y con razón fundada, que en todas estaba y está la causa de las desavenencias. Éstas u otras parecidas palabras decía a ustedes en mi última, que me parece debiera tener ya contestación.
No me cansaré de decirlas a ustedes, hijas mías en el Señor, que procuren todas, todas, buscar la paz de espíritu por medio de la caridad fraterna que debe reinar entre ustedes todas, cediendo cada una un poco, y ser cada día más humildes, puesto que la caridad, como reina de todas las virtudes, debe reinar en el corazón de la Sierva de María, para ejercitarla en grado heroico con sus prójimos enfermos. Con doble motivo debe ejercitarla en su Comunidad con sus Hermanas y poseyendo esta virtud poseerá las demás de humildad, sufrimiento, laboriosidad, observancia y santo temor de Dios.
No me tengan por pesada, pues repito que no me cansaré de exhortarlas a la buena armonía y unión entre ustedes que es lo principal en una comunidad, y porque las quiero y las aprecio en el Señor, por eso las pondré y pongo estas cositas que, tal vez, no les agraden mucho, pues no son lisonjas ni tonterías, sino nacidas del buen deseo que tengo del bien y felicidad de toda la Congregación y con especialidad de ustedes que están distantes en cuanto a lo corporal, que no en mi espíritu, pues tal vez las recuerde yo a ustedes con más frecuencia que ustedes a mí, y la prueba de ello que no me pasa un correo sin escribirlas.
Dios nuestro Señor nos dé su santa bendición, para que sepamos apreciar nuestro estado y las gracias que le debemos en todo.
Reciban ustedes expresiones de todas las Hermanas y pidan por dos que tenemos delicadas. Saluden ustedes al Padre Soto y reciban expresiones del Padre y de ésta, que en el Señor y para el Señor y su Santísima Madre, las quiere. Su afectísima en Jesucristo
Madre Soledad Torres