Dirige estas líneas Madre Soledad, a una afligida madre, la señora Juana Lean, cuya hija Sor María Ana se encuentra afectada por una grave enfermedad pulmonar.

El alma delicada de Madre Soledad, trata de ponerse en el lugar de la madre que sufre, por eso le dice que: "Esté tranquila en lo que la sea posible". Ella misma es realista y no quiere dar falsas esperanzas: en el mes de noviembre, a las puertas del duro invierno, una enfermedad de pulmón se puede agravar en cualquier momento. Material y espiritualmente, la enferma, no puede estar mejor atendida lo demás hay que dejarlo a las disposiciones divinas.
A la señora doña Juana León. Madrid, noviembre de 1886.
Señora doña Juana León:
Nada tengo que añadir a lo que dice su señora hija, Sor María Ana, a quien, como usted verá, di la carta de usted para que se enterara de ella y contestara, aprovechando la ocasión de oportunidad en sus momentos tranquilos, por lo que no la contesté a usted tan pronto como usted desearía. Yo, señora, la digo que esté tranquila en lo que la sea po¬sible, pues si bien es verdad de que estas enfermedades del pecho son alarmantes, también lo es el que usted debe estar bien persuadida de que nada la falta ni en lo material ni en lo espiritual, gracias a Dios, y esto debe servirla de un gran consuelo, por tanto sea Dios bendito.
Si con el tiempo en que vamos entran¬do tan poco favorable para estas enfermeda¬des se fuera agravando, ya escribiría a usted, entre tanto, señora, Dios nuestro Señor la dé paciencia y una santa conformidad con sus disposiciones divinas, como así se lo pide su afectísima segura servidora en Jesucristo.
Madre Soledad Torres.